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La Llegada de Volvo a Chile: Una Historia de Visión y Desafíos

 

En la década de los años 50, la empresa Copec distribuía sus combustibles utilizando exclusivamente camiones Volvo, vehículos reconocidos por su robustez y fiabilidad. Además, como parte de sus beneficios corporativos, Copec mantenía una flota de automóviles Volvo PV444 asignados a sus gerentes regionales.

Fue al observar el desempeño superior de estos vehículos que Eduardo Averill, entonces agente regional de Copec en La Serena, concibió una idea visionaria: propuso al directorio de la compañía comercializar automóviles Volvo en Chile. La sugerencia fue aprobada, y la fábrica Volvo en Suecia dio su respaldo, aunque con una condición indispensable: debía crearse una empresa independiente que se encargara de la representación y comercialización de la marca.

De esta forma, Eduardo Averill fue nombrado Gerente General de la nueva entidad y procedió a registrarla bajo el nombre de Distribuidora Automotriz Volvo de Chile, adoptando Divolvo S.A. como denominación comercial.

1959: El inicio de las operaciones y la llegada de los primeros Volvo

En 1959 se instaló la primera oficina de Divolvo en Alameda 2128, Santiago. Era un comienzo humilde: solo una secretaria y un automóvil Volvo de muestra. Las primeras ventas se realizaron mediante importación directa, proceso que demandaba un registro de importación por cada unidad. Los modelos introducidos al país en esta etapa fueron principalmente los Volvo 122, 544 y algunos P1800.

En aquellos años, las carreras de Arica a Puerto Montt gozaban de un enorme prestigio nacional. Eduardo Averill apoyó a varios pilotos que compitieron en Volvo, y sus victorias otorgaron a la marca una reputación sobresaliente por su velocidad, resistencia y confiabilidad, cimentando tempranamente su imagen en Chile.

1962: Crisis de importaciones y nacimiento de la armaduría en Arica

A comienzos de los años sesenta, la compleja situación económica del país derivó en la prohibición de importar automóviles. Solo se permitió la armaduría en zonas extremas, como Arica. Frente a este desafío, Averill viajó inmediatamente a Suecia y, tras intensas negociaciones, logró un acuerdo histórico: Volvo autorizaría una armaduría en la Zona Franca de Arica, garantizando que los vehículos ensamblados en Chile mantuvieran los mismos estándares de calidad que los fabricados en Gotemburgo.

Esta planta se convirtió en una de las primeras armadurías de Volvo fuera de Suecia. Bajo la supervisión de un ingeniero sueco residente, se ensamblaron 1.956 unidades del Volvo 122 S, todas sometidas a un estricto control de calidad.

" En ese período, siendo niño, recuerdo acompañar a mi padre hasta Arica en un Volvo 122 “importado”, utilizado como patrón de comparación para garantizar los estándares de los vehículos ensamblados localmente."

1968: “La marca de los embajadores”

A partir de 1968, Divolvo creó un departamento de ventas dirigido a diplomáticos y organizaciones internacionales. Con el tiempo, estos vehículos terminaban llegando al mercado general, y el público comenzó a llamar a Volvo “la marca de los embajadores”, reforzando su imagen de prestigio y liderazgo entre los automóviles disponibles en Chile.

Servicio técnico de excelencia

El prestigio de Volvo se vio fortalecido por su servicio técnico ubicado en Av. Santa María 0810, un centro que transmitía un nivel de respaldo y confianza inéditos en la industria automotriz chilena. En esos años, acompañaba a mi padre muchos sábados por la mañana, cuando él mismo atendía a los clientes.

Un honor en Gotemburgo

En reconocimiento a su rol como representante de Volvo, Eduardo Averill tuvo el exclusivo honor de conducir el primer modelo Volvo de 1927 dentro de la histórica fábrica de Gotemburgo, un privilegio reservado para un selecto grupo de representantes alrededor del mundo.

1977: Venta de Divolvo y nuevos rumbos

En 1977, ocurrió un giro decisivo: Volvo Suecia ofreció comprar Divolvo con la intención de fabricar camiones en Chile. Para entonces, Averill ya era el principal accionista. Aceptó la oferta, vendió su participación y se retiró del negocio. La gerencia fue asumida por el señor Fernando de Cárcer.

Sin embargo, Volvo determinó poco después que Brasil ofrecía mejores condiciones para su expansión industrial. La marca decidió entonces vender sus operaciones en Chile a Fernando de Cárcer y a un grupo de inversionistas locales. De Cárcer también adquirió a Eduardo Averill la empresa Tecfin (Técnica y Financiera), dedicada a otorgar créditos automotrices, que con los años evolucionaría hasta convertirse en DITEC, incorporando nuevas representaciones como Land Rover, Honda y Porsche.

2021: Un nuevo capítulo

A fines de 2021, la compañía británica Inchcape, especializada en distribución automotriz global, adquirió DITEC, cerrando así un ciclo histórico que comenzó con la visión de Eduardo Averill más de seis décadas atrás.

Alberto Averill
Diciembre 2025

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